Mensaje del Rector

MENSAJE DEL SEñOR RECTOR

Queridos miembros y amigos de nuestra comunidad universitaria:

Nos encontramos en el apogeo del Año de la Fe, convocado por S.S Benedicto XVI. Este año se espera que sea un tiempo de gracia y de compromiso para una conversión a Dios cada vez más plena, para reforzar nuestra fe en El y para anunciarlo con alegría al hombre de nuestro tiempo (Homilía de Benedicto XVI en la Santa Misa para la nueva evangelización, 16 octubre 2011).

El quehacer actual de la Universidad Católica de El Salvador está inmerso en estos tiempos de vertiginosos cambios, y esta llamada, en el ámbito de su competencia, a ser un instrumento eficaz de progreso cultural, tanto para las personas como para la sociedad. La investigación se orienta a estudiar en profundidad la circunstancia de nuestro tiempo: " La dignidad de la vida humana, la promoción de la justicia, la protección de la naturaleza, la búsqueda de la paz y de la estabilidad política, la distribución equitativa de los recursos y un sistema económico y político que sirva mejor a la comunidad humana, son algunos de sus temas de estudio".

Retomo la encíclica del Papa Benedicto XVI, Caritas in Veritate, en la cual analiza distintos ámbitos de la vida humana y entrega un concepto de desarrollo que, fundado en la caridad, es humano e integral, tanto de las personas como de los pueblos. Es el amor, que tiene su origen en Dios, el que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y la paz. Desde un punto de vista social, el hombre descubre que su vocación al amor se concreta en la medida que tiende a un desarrollo humano integral.

él no puede estar ajeno a la realidad de su prójimo, pues su realización más plena no es en soledad, sino en la donación personal a la comunidad. Promover que el ser humano y su dignidad sean una prioridad nos compromete. La construcción de una nueva civilización empieza por orientar nuestras decisiones vitales hacia el bien común. La caridad y la verdad nos plantean un compromiso inédito, en donde Dios ha puesto la semilla en cada hombre, en cada pueblo y en su cultura.

La frase que ilumina y otorga su pleno sentido a toda la encíclica es: "La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad". La Caridad en la Verdad contiene la respuesta de la Iglesia a los problemas del desarrollo, respuesta que depende de cada persona y de su forma de concebir la libertad y vivir su fe. Y a la vez, una visión del desarrollo y de la globalización que pone en el centro a las personas, como únicas protagonistas de este proceso.

Nos dice el Papa que las principales causas de subdesarrollo no son de índole material, sino que surgen como una consecuencia de la falta de fraternidad entre las personas y entre los pueblos. El Evangelio de Cristo, en cambio, aporta la dimensión esencial de la fraternidad humana y cristiana, que si propicia el verdadero desarrollo de todos, sin hacer distingos. Una de sus ideas centrales es que el beneficio material, como objetivo exclusivo, es la mayor fuerza antagónica al auténtico desarrollo humano. El sistema económico y financiero, afirma el Papa, debe basarse en tres instancias: el mercado, el Estado y la sociedad civil. Para "civilizar la economía" es preciso arbitrar formas de economía solidaria, y tanto el mercado como la política tienen necesidad de personas abiertas al don recíproco.

Para ser autentico, el desarrollo del hombre y de los pueblos necesita una dimensión espiritual. Para ello, agrega el Papa, se necesitan "unos ojos nuevos y un corazón nuevo, que superen la visión materialista de los acontecimientos humanos y que vislumbren en el desarrollo ese "algo más" que la técnica no puede ofrecer". El riesgo es que la tecnología entregue avances y una propuesta de valor que no se refiere al "por qué" sino al "cómo", con el peligro de encontrar respuestas solo a las preguntas por la eficiencia y la utilidad.

Desde la Universidad, nos interesa promover en nuestra comunidad el dialogo entre fe y cultura, entre competencia profesional y sabiduría cristiana, para influir sobre la realidad e impregnar todo tipo de actividad con el espíritu del Evangelio. Pero también queremos trascender a la sociedad y compartir con ella los avances obtenidos en el cultivo del conocimiento. Sobre todo, para atender aquellas prioridades fundamentales de la persona.

La UNICAES está consciente de ofrecer una formación integral, en la que se propone a los jóvenes valores cristianos y promueve el crecimiento personal y una mayor autonomía intelectual, ya que un objetivo especial de nuestros programas de estudio es motivar a los estudiantes a ser agentes de cambio, lideres calificados y testigos de Cristo en los lugares en los que deberán desarrollar su labor.

La investigación, el servicio a la sociedad y la actividad académica continuaran siendo prioridades para UNICAES, y contribuir así con el respeto y reconocimiento de la dignidad de la persona y el derecho a su desarrollo en una sociedad justa, equitativa y humana.

En este Año de la Fe, envío mi bendición a cada uno de nuestros estudiantes, docentes, personal administrativo y a sus queridas familias y les exhorto a cuidar cada espacio de la vida, a fin de marcar la diferencia con el sello de Cristo y que María Santísima, Trono de la Sabiduría, nos guie en este año 2013.




Fray Romeo Tovar Astorga, O.F.M.
Rector.